Mi hijo ya no quiere celebrar Navidad en familia

Una frase muy común de mi mamá cuando yo atravesaba los 23 y 28 años era la que acaban de leer en el título. Así como mi señora madre, muchas otras señoras del país y quizá del mundo están atravesando por lo mismo. Sus jóvenes hijos ya no quieren pasar las festividades, llámese Navidad o Año Nuevo con la familia, y por familia no se refieren a estar con mamá, papá y hermanos, sino con el resto, tíos, tías, primos, primas, etc. Esto es muy común cuando las personas atraviesan los veintes y puede deberse a diversas razonas. Por eso, después de platicar con amigos y conocidos logré sacar algunas conclusiones, las cuales quiero compartirles.

Muchos de las personas que participaron en compartir sus experiencias comentaron que hubo lapsos entre los 20 y 30 años en los que se sintieron sin ganas de celebrar nada, con nadie. Como si fueran un Grinch en la vida real, querían estar solos, encerrados en sus casas y sin saber nada de nadie. Esto es muy común, sobre todo porque es la época en la que los jóvenes están comenzando a ejercer su carrera profesional, están por terminar la universidad o están trabajando para mantener a su familia, esto conlleva a que haya pensamientos negativos sobre su vida, lo que nos vuelve nostálgicos y amargados. Si no ganan lo que les gustaría, si se arrepintieron de su carrera o si están pasando por momentos económicos o personales difíciles, esto los llevará a un estado de soledad. Además de que los pensamientos melancólicos se incrementan en la temporada decembrina.

Otro motivo por el cual los jóvenes ya no desean pasar tiempo con los hermanos de papá o mamá es por la calidad del ambiente. ¿A qué me refiero con esto? Si durante las reuniones que tuvieron en el año donde hasta contrataron servicio de taquizas o las veces que se vieron en algún lugar hubo más pleitos que lo que la pasaron bien, pocas serán las ganas de querer volver a verlos, sean quienes sean. Incluso hay familias que sólo se ven por obligación, pues por dentro quieren disfrutar de su núcleo familiar en soledad, pero no se atreven a decirlo para no lastimar a los demás. Aquí es importante mencionar que muchas ocasiones existe la posibilidad de que la edad sea un factor preponderante, pues supongamos que tu hijo tiene 25 años, está a la mitad. No se siente a gusto platicando con los mayores y tampoco puede entablar conversaciones por mucho tiempo con sus primos menores. Así que si no hay más personas de su edad o cercanas, podría ser un motivo más por el cual no quiera ir.

Y así podría seguir enlistando motivos, pero esos son los más importantes. Yo te recomendaría que hables con tu hijo y le preguntes las razones por las cuales se siente sin ganas de estar con el resto de la familia, quizá puedan llegar a un acuerdo dependiendo de su respuesta. Incluso podrías descubrir si está pasando por algún tipo de depresión y comenzar a indagar lo que lo tiene decaído.