Ella y yo.

Hace no mucho tiempo  hubo una manifestación en el Zócalo de la Ciudad de México, en caso de no ser de aquí, eso es muy común y es que hay tantas cosas por las cuales pelear y reclamar. Mi mejor amiga Matilda fue a una de esas, trato de convencerme pero me dio miedo, siempre en las noticias la gente sale herida y sé que muchas veces son escenas fuera de contexto pero me angustian.

Matilda fue con un grupo de mi escuela y tomaron sus respectivas precauciones tales como llevar una pañoleta en el cuello, agua potable, celular con batería cargada y plan de datos, además de estar con tu contingente para evitar gente que quiera provocar la violencia o disturbios.

La admiro muchísimo porque yo no me atrevería a ir, todavía no me he quitado el miedo, todavía pienso que ellos pueden ganar con pura fuerza bruta aunque nosotros seamos más. Le pedí que en el transcurso de la manifestación se estuviera reportando, saber que estaba bien me iba a quitar la curiosidad, los nervios y la preocupación.

(Vídeo: INVACO | Fuentes: INVACO y Ciudad de México  )

En la tele estaban siguiendo la marcha, de repente hacían cambio de cámara, estuve atenta a las redes sociales para ver si alguien transmitía, encontré muchas personas haciendo streaming era curioso porque aunque eran lugares de la misma marcha parecían partes de un rompecabezas gigantes.

Yo seguía un poco nerviosa y me preparé un té de tila. En una toma del Zócalo vi la pancarta de Matilda y me emocioné, incluso le tomé foto a la televisión pero en eso hacen un cambio de cámara y por algunas calles comienzan a llegar granaderos en unas camionetas blindadas y comienzan a lanzar humo otros se bajan de las camionetas y con sus escudos comienzan a agredir.

Aunque quería saber si Matilda estaba bien sabía que era pésimo momento para hablarle si ella estaba cerca debía de escapar y buscar refugio si peleaba con ellos la iban a lastimar o la iban a detener. Mi mamá quien estaba haciendo la comida al ver la escena de la televisión y mi cara de angustia se puso a rezar, no soy católica pero me tranquilizaba un poco.

Después cortaron la transmisión y tuve más miedo. Regresé al internet, tratando de buscarla y mandando mensajes al contingente que fue con ella pero casi nadie me contestó la angustia era demasiada y me puse a llorar, quería saber sobre la localización de mi amiga.

Pasaron tres horas y no sabía de ella, estaba al borde de los nervios, quería saber cómo estaba, si la habían detenido estaba dispuesta a tomar todos mis ahorros  o juntar dinero y pagar la fianza. En eso se escuchó unos sonidos en la puerta.

Mi mamá nerviosa se acercó preguntando por la identidad de quien tocaba, escuché una voz quebrada ¡Era mi amiga! Abrí la puerta y ahí estaba con un moretón, unos raspones pero el brillo de sus ojos al verme era suficiente para saber que estaba bien ya que había llegado a mi casa.

La besé en la mejilla y las lágrimas aparecieron nuevamente, ella me abrazó más fuerte, nos quedamos unos segundos así.  La conozco lo suficiente para saber que no quería hablar de eso por lo que la consentí como podía con comida caliente, su té favorito y muchos abrazos.

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