Viaje que consuma un amor cibernético

Les miento a mis padres y les digo que me voy a ir con unos amigos a la playa, les dejo el nombre de uno de los hoteles en Acapulco más concurridos y les doy el número de un amigo que será mi salvavidas en caso de que yo no pueda contestar. Mi viaje no será ni siquiera dentro de México, me iré a Colombia a ver en persona a una chica que conocí en internet. Sé que mis padres no aceptarían que lo hiciera, pero tengo mis razones para confiar y animarme. Estoy nervioso, sí, pero emocionado al mismo tiempo, pues un amor que fue cibernético por algunos años por fin se va a consumar.

La historia comenzó cuando yo tenía unos 21 años, época en la que me gustaba jugar en línea a través de la computadora. Fue en uno de esos juegos donde la conocí. Jugamos por varias horas, platicamos por el chat que tenía incluido y antes de salirme se me ocurrió pedirle su Facebook o Skype y me dio este último. De no haberlo hecho, hubiera sido muy complicado volver a encontrarla, pues el juego no tenía la posibilidad de añadir amigos. Comenzamos a platicar vía mensajes de Skype, ella era un par de años mayor y para evitar que me timaran, es decir, que fuera un hombre haciéndose pasar por mujer, le pedí que hiciéramos una videollamada o una llamada de voz. Hicimos la videollamada. Lo primero que me enamoró de ella fue su voz, el acento colombiano, uno de mis favoritos en toda la vida, era muy dulce para mi oído. También tenía una belleza nata de aquel país, nada extravagante como vemos en películas o series. Era bastante común. Platicamos de lo que se platica cuando conoces a alguien por primera vez. Sólo pensaba que era una lástima que estuviera tan lejos.

Cuando creí que sería una charla de una noche seguimos hablando por más días, semanas, meses y años. El primer año hablábamos casi diario, fue cuando el amor comenzó a surgir. No sé si era amor, quizá enamoramiento o una aberración similar, y digo aberración porque cómo te puedes enamorar o amar a alguien tan lejos y que no conoces físicamente. El segundo año seguimos hablando seguido pero ya no diario. Entre tres y cinco veces por mes. Los siguientes años hablamos esporádicamente, hoy han pasado ya seis desde que la conozco y hacía ya seis meses que no cruzábamos palabra, hoy le volví a enviar un mensaje que más que palabras contenía una fotografía con un boleto de avión a su país. Me voy a Colombia, específicamente a Bogotá, capital del país y ciudad que queda muy cerca de donde ella vive. Leyó mi mensaje por whatsapp y no contestó, las palomitas azules se burlaban de mí y mi sorpresa.

Cuando creí que me había equivocado al avisarle, que había cometido un error en comprar los boletos a Colombia solo para visitarla, mi celular comenzó a sonar. Era el tono de una llamada de whatsapp, en este caso era una videollamada. Ella estaba llorando de emoción, no podía hablar y yo tuve que ser quien dijera algo. Ahora falta ver qué sucede en dos meses, que es cuando parto rumbo a tierras cafetaleras.