Dueños del Instante

Este año, las balanza digital de mi habitación finalmente confirmaron lo que había estado tratando de hacer desde hacía ya tiempo, lo que era  bajar 15 quilos para estar en peso optimo y poder después rediseñar mi cuerpo a mi gusto.  Debo decir, que el bajar 15 kilos, aunque suene poca cosa no lo es, particularmente a mi edad cuando la flor de la juventud ya no es tan fresca aunque sigue ahí de alguna manera. Asimismo, debo decir también que  falle varias veces en mis intentos de bajar esta precisa cantidad de peso.

Viendo en retrospectiva,  ahora puedo entender que la razón por la cual me costo tanto trabajo perder estos 15 kilos se debe estrictamente no a la cantidad abundante de los mismos sino a la cantidad moderada sin ser muy moderada, lo que me daba  ciertas libertades que no debía tomar cuando me faltaba el último empujón, algo que jamás hubiera sucedido  si la cantidad de kilogramos a bajar hubiera sido el doble, como es el caso de muchas personas. Sin embargo, después de varios fracasos entendí donde se encontraba el problema y como resolverlo.

Mientras sabia desde un principio que el problema estaba en aflojar al final lo que me hacia ganar los kilos perdidos en tan solo tres días no sabia que la clave de todo se encontraba simplemente en la falta de paciencia y en el pésimo cultivo de esta virtud que tenía en mi vida, como bien les sucede a muchas de las personas de nuestro siglo ya que vivimos en la era del instante donde consecuentemente todo, absolutamente todo,  esperamos que suceda en tan solo un instante un comportamiento erróneo, completamente contrario a nuestro el modo verdadero de la vida.

Esto en parte no es culpa de muchos de nosotros, puesto a que somos victimas de una era de cambio total en el mundo, como nunca se había vivido, una era donde en todos lados se nos bombardea con la publicidad de lo instantáneo y de productos muy cómodos relacionados con esta corriente existencial postmoderna, una tendencia que la mayoría de nosotros no tenemos porque no seguir hasta que nos pegamos derecho con una pared y despertamos para entender, por las malas, el sentido de la vida como tal.

A mi punto de vista, lo instantáneo no es malo, es más, es muy bueno o excelente cuando se utiliza con conciencia de que las cosas en realidad no son así  y que los cambios toman tiempo en suceder. Esto tampoco significa que hemos de sentarnos a esperar a que las cosas sucedan, ya que esto es un error probablemente es peor que el esperar todo instantáneo. La clave está, a mi punto de vista, en saber esperar actuando, aunque esta sea una de las ciencias más complejas.

Si sabemos esperar actuando entonces nos hacemos dueños del instante.

Si quieres más información entra a Básculas y Balanzas