Me enamoré del deporte que no soñé jamás

Ricardo Arjona escribió la canción de un hombre que se enamoró de la mujer que no soñó jamás, la letra dice que era la de lentes, la pasada de moda, la aburrida la intelectual, la que prefería una biblioteca en vez de una discoteca; es decir, todo lo contrario, supongo, a lo que este hombre siempre tuvo. Pues algo así me sucedió, sólo que no en el ámbito de lo amoroso, sino del deportivo. Quizá no sea tan emocionante o tan romántico como podría ser el amor, pero cuando nace una nueva pasión en ti, yo podría llegar a equipararlo. Así es que les voy a contar mi historia.

Nací en una casa donde todos son pamboleros. Mi padre, mi madre, mi hermano y mi hermana, ambos mayores que yo. Todos amaban ver el futbol, por lo que crecí en un ambiente lleno de pasión por el balompié y, como era de esperarse, me volví un fanático de este deporte. Todos le íbamos al mismo equipo, las Chivas, pero a diferencia de mis hermanos, a mí no me gustaba practicarlo, sólo verlo en la televisión o ir a los estadios. Pero meterme a una cancha, no. Simplemente no me llamaba la atención. Así comenzó mi travesía por encontrar un deporte que me gustara y pudiera practicar, ya que mis padres querían que realizara alguna actividad física, tanto por cuidado de mi salud como para adquirir virtudes y valores que sólo los deportes te dan.

Pasé por algunas actividades como la natación, correr, el karate y hasta el golf. Incluso recuerdo que por un par de meses fui a tomar clases de este último deporte, incluso mis padres me compraron unos zapatos de golf para niño que en ese momento no lo sabía, pero estaban extremadamente caros. Swing tras swing y no lograba mejorar, nunca me lo dijeron los instructores porque sería perder un cliente, pero era realmente malo. Así que seis meses después de estar tomando clases de golf lo abandoné. Al ver que nada me gustaba, decidí decirles a mis padres que ya no insistieran en que encontrara una actividad, que simplemente haría ejercicio en el parque o me inscribiría a algún gimnasio. Fue cuando cumplí los 21 años que me inscribí por primera vez a un gym, donde tenían un área para realizar otras clases como zumba, yoga, etc. Pero había una en la que hacían ejercicios acrobáticos, así que me inscribí.

Pasaron los meses y me encantaba esa clase, fue ahí donde una de las instructoras me dijo que por qué no me metía a practicar gimnasia, quizá habría algo ahí que me gustara y en lo que sería bueno. Así que fui a una academia donde me aceptaron. Comencé a practicar en todos los sitios, tanto en los aros, como en el caballo, incluso hice gimnasia rítmica. En mi corazón sabía que había encontrado mi pasión, y al final me decidí por las barras y los aros. Hoy sueño con algún día representar a México en algunos Juegos Olímpicos.

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